En este país, hace muchos años, hubo personas que aprendieron a esconderse para poder vivir. Hombres que llamaban «amigo» a quien amaban, mujeres que ocultaban sus relaciones y jóvenes que crecieron sabiendo que si decían quiénes eran realmente podían tener consecuencias. Hoy día la homosexualidad forma parte de nuestra vida pública y cultural por lo que, en ocasiones, nos cuesta imaginarnos aquella realidad. Sin embargo, La Bola Negra, la nueva película de Javier Calvo y Javier Ambrossi, recupera esa memoria tan importante a través de una obra inacabada de Federico García Lorca.
En primer lugar, hay que entender de donde nace esta película. Lorca dejó únicamente cuatro páginas de La Bola Negra, una obra cuyo protagonista era homosexual y que nunca llegó a terminar. Los Javis recogen esas cuatro páginas para construir una historia que atraviesa los años 1932, 1937 y 2017, de esta manera transforman una historia incompleta en una reflexión sobre todas aquellas vidas que también quedaron incompletas.
Después, tenemos que recordar que aquella realidad no fueron solo prejuicios sociales, sino que además existió una persecución legal. En julio de 1954, la dictadura de Francisco Franco modificó la Ley de Vagos y Maleantes para represaliar la homosexualidad. Más tarde, la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social de 1970 incluyó entre los supuestos de «estado peligroso» a quienes realizaran actos homosexuales y contempló medidas como el internamiento en establecimientos de reeducación.
Por un lado, estaban las leyes, las instituciones y los expedientes. Por otro lado, estaban las consecuencias difíciles de cuantificar: el miedo, el silencio, las relaciones ocultas… Al menos 5000 personas fueron detenidas por actos o actitudes gais, lésbicas o transexuales durante el franquismo, aunque se advierte de que es una aproximación ya que muchos expedientes no identificaban expresamente la orientación sexual.
Entonces, La Bola Negra adquiere un significado que va mas allá del cine, porque para entender lo que cuenta la película no basta solo con mirar al franquismo, sino que también hay que recordar que el final de la dictadura no significó el final inmediato de la persecución: en 1978 se eliminó la homosexualidad de los supuestos de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social, sin embargo, la persecución no desapareció de un día para otro, ya que, bajo el delito de escándalo público, se siguió persiguiendo a personas hasta 1988.
La cultura adquiere un papel fundamental, una estadística nos puede mostrar cuantas personas fueron detenidas, pero una película nos puede ayudar a imaginarnos como era vivir escondido toda una vida. Lorca escribió:
«Pero yo ya no soy yo, ni mi casa es ya mi casa»
- Federico García Lorca, en Romance sonámbulo.
Estos versos no fueron escritos sobre la represión sexual, pero hoy nos pueden ayudar a entender lo que supuso que el miedo te terminase condicionando incluso en tu espacio más íntimo.
Por último, una de las preguntas más importantes que plantea La Bola Negra sea: ¿Qué ocurre con todas aquellas historias que nunca llegaron a escribirse? Que triste morir sin que sepan quién eres y que triste matar al único que sí lo sabia.
Hoy por suerte, vivimos en democracia y podemos disfrutar de aquellos derechos que durante años fueron negados, pero esos derechos no aparecieron de la nada: fueron conquistados poco a poco por quienes salieron a la calle, y se negaron a quedarse reprimidos/as en casa.
Por eso, lector, si has llegado hasta aquí quédate con una idea: hay que defender lo ya conseguido y seguir avanzando.
«Todavía queda mucho por hacer»
- Paquita Sauquillo, abogada laboralista y actual presidenta PSOE-M.
Quizás el verdadero sentido de recuperar hoy las páginas de La Bola Negra sea dar voz a quienes no pudieron tenerla y recordar que vivir libremente nunca debería ser un privilegio, sino un derecho.






