No es para nada raro encontrarse con discursos de índole radical hoy día. La extrema derecha europea parece estar resurgiendo de sus cenizas casi un siglo después de haberse visto derrotada y, presuntamente, aniquilada al final de la Segunda Guerra Mundial. Nada más lejos de la realidad, partidos ultraderechistas gobiernan en países que creíamos libres de ella como Italia o incluso los Estados Unidos, en America. No solo eso, sino que también incrementan su popularidad en países como España o Francia, donde ya han tomado puestos de poder en multitud de autonomías y alcaldías respectivamente. Este crecimiento se debe, en gran medida, a la propaganda que hacen estos partidos en redes sociales, donde conectan rápidamente con buena parte de la juventud. Este cambio de enfoque propagandístico ha logrado llevar su ideología, de forma instantánea, al bolsillo de cada ciudadano. Cosa que la izquierda aún no ha logrado, por más que parezca intentarlo en numerosas campañas digitales.
Es innegable que el mundo cambia, y últimamente parece hacerlo a un ritmo vertiginoso, al que cuesta adaptarse. No obstante, la derecha no parece tener este problema, ya que su discurso se adapta perfectamente a cualquier medio. Se ha dado una reorganización global de la forma de hacer campaña de la ideología reaccionaria, y ha dado sus frutos. Cuentas extremistas inundan las redes en toda plataforma y formato. Ya sea en los cortos videos característicos de TikTok o los visuales posts e historias de Instagram, siempre consigue adaptarse y dominar el formato. Tanto es así que consiguen que adolescentes de apenas 13 años se interesen en política y rápidamente conecten con estos partidos conservadores. Los métodos políticos tradicionales han sido sustituidos por memes, reels y trends, conectando así con el público más joven.
Un ejemplo claro de este fenómeno de menores radicalizados son los infames y populares edits, (videos musicales o recopilaciones de escenas dedicadas a un personaje, editado con transiciones al ritmo de una canción), dedicados al fundador de Falange Española, José Antonio Primo de Rivera, creados mayormente por jóvenes. Asimismo, también está en auge entre los más jóvenes el nuevo partido político ultraderechista español, Noviembre Nacional. Creado a partir de la organización Núcleo Nacional, la cual cogió popularidad en las múltiples manifestaciones de noviembre de 2023 frente a la sede socialista de Ferraz, en Madrid. Esta organización y partido político está encabezada por el hasta hace relativamente poco anónimo Iván Rico, hijo de Enrique Rico, empresario y exconcejal del PP en Valdeolmos Alalpardo. Su popularidad se debe casi únicamente a la campaña que han hecho en redes sociales como TikTok y en numerosos podcasts, donde han explicado su ideología, catalogándola como, según él dice: “nacionalismo radical, creada a partir de las ideas del fascismo, nacionalsocialismo, nacionalsindicalismo, etc.”
El fenómeno Núcleo Nacional, y todos los de la misma corriente funcionan tan bien entre la gente joven por determinados factores psicológicos y sociales. En la juventud, los humanos buscamos sentirnos parte de un grupo o colectivo, pertenecer a algo. Este tipo de partidos tienen una estética muy marcada, y elementos como las populares pulseras o camisetas incrementan esta sensación de identidad que otorgan. No solo eso, sino que la persona adolescente tiende a buscar autonomía y distanciarse de lo establecido, eso implica que discursos antisistema que rompen con todo como el de Iván Rico calan especialmente en sus cerebros. Además, simplifican los problemas actuales increíblemente y dan soluciones aparentemente lógicas, apelando al popular entre ellos “sentido común”. Esto da a entender que incluso los problemas económicos o geopolíticos más complejos tienen una fácil solución, la cual solo puede llevarse a cabo con ellos en el poder. Otra característica que comparten estos partidos es la idealización del pasado. Sobre todo en el caso de España, donde se exalta constantemente al régimen Franquista, siendo ya normal ver a estos jóvenes con el brazo en alto y banderas franquistas o falangistas.
Esto es así gracias a la dificultad antes mencionada de la izquierda de poder hacer campaña en redes sociales, donde se premia los discursos energéticos, exaltados y rápidos antes que a una idea bien argumentada. Es por esto que la derecha es tan popular entre la juventud, porque rara vez va a pararse a leer un discurso largo y bien defendido cuando pueden simplemente hacer uso del “sentido común” y abogar por las soluciones sencillas que defienden los partidos derechistas. Porque los datos, los argumentos y los estudios se quedan cortos cuando el adversario es un hombre musculoso gritando a la cámara.




