Cuando un grupo irlandés sale hoy a un escenario y habla de Palestina, utiliza una bandera política o canta en Gaeilge, puede parecer que está tomando una posición excepcionalmente explícita. Sin embargo, en Irlanda la relación entre música y política viene de mucho antes. Para entender por qué artistas como Kneecap o Fontaines D.C. se posicionan sobre cuestiones políticas hay que mirar atrás, a una época en la que una canción podía servir para recordar a un muerto, reunir a una multitud o expresar una determinada idea de nación.
Durante el siglo XIX, Irlanda vivía bajo dominio británico y el nacionalismo fue adquiriendo cada vez más importancia. La música formaba parte de esa vida política. Las canciones nacionalistas aparecían en mítines, funerales y elecciones, y servían tanto para recordar a figuras vinculadas a la causa nacionalista como para expresar una identidad compartida. No era simplemente música sobre política: también era una forma de hacer política.
Esta relación se hizo todavía más fuerte con el renacimiento cultural irlandés. A finales del siglo XIX surgieron movimientos que buscaban recuperar elementos considerados propios de la cultura irlandesa, especialmente la lengua. En 1893 se fundó la Gaelic League, dedicada a recuperar y extender el irlandés, y en pocos años se convirtió en una de las principales organizaciones culturales del país. La lengua dejó de ser solamente una forma de comunicación para convertirse también en una cuestión de identidad nacional.
Por eso, cuando hablamos de música irlandesa, no hablamos únicamente de un género o de una tradición musical. También hablamos de canciones que han servido para conservar una memoria colectiva. Los llamados rebel songs, por ejemplo, continuaron ocupando un espacio importante en la cultura popular durante el siglo XX y llegaron incluso a las listas comerciales y a las campañas de grupos políticos.
Después llegó uno de los periodos más difíciles de la historia reciente de la isla: The Troubles. Entre finales de los años sesenta y 1998, el conflicto de Irlanda del Norte enfrentó durante décadas a comunidades con posiciones diferentes sobre la relación del territorio con Reino Unido e Irlanda. La música volvió a encontrarse en medio de esa realidad. No todas las canciones sobre el conflicto eran partidistas —de hecho, muchas evitaban posicionarse—, pero hubo músicos que utilizaron sus canciones y sus actuaciones para expresar posiciones políticas concretas.
Esta historia ayuda a entender algo que puede resultar extraño desde fuera: en Irlanda, hablar de política desde la música no siempre significa convertir una canción en un discurso. La identidad, la lengua, la historia familiar o la memoria de un conflicto ya forman parte de muchas de las historias que cuentan sus artistas.
Y es aquí donde aparece Palestina.
La solidaridad irlandesa con Palestina tiene una historia propia y no nace con los grupos actuales. La Ireland Palestine Solidarity Campaign (IPSC), una de las principales organizaciones que articula esta solidaridad, fue fundada en 2001 por activistas de derechos humanos, académicos y periodistas, junto con palestinos residentes en Irlanda.
En este contexto nació en 2010 el Irish Artists’ Pledge. Impulsado por el compositor y cofundador de la IPSC Raymond Deane, el compromiso comenzó con más de 140 artistas. Quienes lo firman se comprometen a no aceptar invitaciones para actuar o exponer en Israel ni financiación de instituciones vinculadas a su Gobierno hasta que, según los términos del propio documento, se cumplan el derecho internacional y los principios universales de derechos humanos. La iniciativa tomó como referencia el boicot cultural contra la Sudáfrica del apartheid.
Con los años, la lista ha crecido mucho más allá de un grupo concreto de músicos. A finales de septiembre de 2026, la propia IPSC contabilizaba 2.563 firmantes entre músicos, actores, escritores, cineastas, bailarines, diseñadores y otros trabajadores culturales. Entre ellos aparecen nombres de generaciones muy diferentes, desde figuras consolidadas de la cultura irlandesa hasta artistas más jóvenes como Kneecap, Fontaines D.C. o CMAT.
No todos estos artistas expresan sus posiciones de la misma manera. Algunos firman el compromiso, otros escriben canciones o hacen declaraciones públicas y otros incorporan Palestina a sus actuaciones. El punto en común es que entienden su trabajo artístico también como un espacio desde el que pueden expresar una posición sobre cuestiones que consideran políticas o sociales.
Kneecap es probablemente uno de los ejemplos más visibles de esta nueva generación. El grupo utiliza el irlandés como una parte fundamental de su identidad y ha convertido cuestiones relacionadas con la lengua, la historia irlandesa y la política en parte de su discurso artístico. Su caso no aparece de la nada, sino que continúa una tradición en la que utilizar el Gaeilge puede ser también una manera de reivindicar una identidad cultural.
Con Fontaines D.C. ocurre algo diferente. Su música no gira alrededor de la política irlandesa de la misma manera, pero algunos de sus integrantes también han utilizado sus conciertos y declaraciones públicas para mostrar su apoyo a Palestina. El grupo aparece además entre los firmantes del Irish Artists’ Pledge.
La diferencia entre estos artistas y los músicos nacionalistas del siglo XIX es evidente, pero existe un elemento que permanece: la música sigue siendo un lugar desde el que hablar de la sociedad en la que viven.
Y quizá esa sea la clave para entender por qué el Irish Artists’ Pledge ha conseguido reunir a más de 2.500 personas. No se trata solamente de una lista de músicos que comparten una determinada posición sobre Palestina. En ella conviven distintas generaciones y disciplinas, y la decisión de participar no se limita a escribir una canción, sino que puede significar renunciar a actuar en un determinado lugar, rechazar una financiación o utilizar la propia visibilidad para apoyar una causa.
Desde fuera, estas decisiones pueden parecer especialmente políticas. En Irlanda, sin embargo, forman parte de una historia mucho más larga. Durante generaciones, las canciones han servido para construir identidad, recordar conflictos y expresar ideas sobre el país. La cuestión palestina se ha incorporado a esa tradición contemporánea, pero la relación entre música y política ya estaba allí.
La política no entró en la música irlandesa con Kneecap, Fontaines D.C. o el Irish Artists’ Pledge. Ellos forman parte de una historia que empezó mucho antes.





