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26-S: La Acampada en el Corazón de Madrid desde Dentro

Nos adentramos en la acampada de protesta de la Puerta del Sol (Madrid) y entrevistamos a algunos de los manifestantes en el noveno día de presión contra la crisis de la vivienda.

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La acampada de protesta, frente a la Presidencia de la Comunidad de Madrid
Acampada por la vivienda en la Puerta del Sol
Agencia

Domingo 4 de octubre: noveno día de acampada de protesta en la Puerta del Sol, justo frente a Presidencia de la Comunidad de Madrid.

Tras una noche movida y marcada por la tensión, con grupos de extrema derecha acechando la concentración tras una manifestación convocada por Indignados por España, un cordón policial de seguridad y tres detenidos; más de mil tiendas según eldiario.es (y subiendo) resisten en la famosa plaza madrileña.

Desde fuera se ven carteles, protestas, toldos, tiendas de campaña y banderas, pero este singular campamento esconde bastante más:

Gente de todas partes se ha organizado y concentrado, con su correspondiente logística y desde la autogestión. Hay cocinas comunales, puntos de ayuda e información, mapas, salidas de emergencia y hasta una enfermería: de cada uno según sus capacidades a cada uno según sus necesidades.

Para facilitar las cosas, se ha dividido el campamento en calles y plazas, que tienen nombres tales como «Calle Durruti» o «Plaza de las Precarias», haciendo de la acampada un pequeño pueblo efímero que se une, protesta y resiste.

Y con los inquilinos de este pequeño pueblo hemos tenido el placer de hablar:

Gorka, estudiante de musicología de Tudela (Navarra), nos dice que las normas del campamento se han ido estableciendo en asambleas según las necesidades que surgían. Han desarrollado también un código en el que un pitido con el silbato significa pedir ayuda en un momento límite, y nada más que alguien lo hace, todo el mundo a su alrededor corre a ayudar para evitar una escalada del problema. Nos cuenta Gorka que ve la moral suficientemente alta como para aguantar hasta conseguir el objetivo que persiguen y qué movilizaciones así marcan un precedente social en la lucha por este tipo de causas.

Clara, de Natal (Brasil) y que prepara oposiciones, cuenta que estudia en el propio campamento cuando puede, y no es la única: muchos acampados estudian o teletrabajan desde allí para mantener la presión. Otros duermen allí, madrugan para ir a trabajar y vuelven a seguir protestando (con el consiguiente desgaste). También nos cuenta que, al menos en su calle, las relaciones entre «vecinos» son buenas y se suelen ceder las tiendas de campaña unos a otros.

Jorge, estudiante madrileño de realización, dice que la concentración aguantará hasta que se aprueben los tan perseguidos decretos de vivienda o se convoquen elecciones anticipadas y critica a los que dicen que la acampada no sirve para nada: gente de derechas que se opone al movimiento y gente de izquierdas que ve todo esto como una medida poco contundente o casi performativa. Destaca la importancia y la eficacia de este tipo de actos y recalca que se está peleando por los derechos de todos y todas.

Paula y Lucía, de Albacete, han recorrido 250 km exclusivamente para venir a apoyar la causa durante este fin de semana. Además, pernoctan en la zona más expuesta, en una calle aledaña en vez de en la propia plaza, ya que allí no cabe casi una tienda más. Una estudia, la otra trabaja, pero ambas protestan contra un problema que afecta a toda la sociedad (hasta el punto de que Paula se ha quedado literalmente afónica en menos de dos días). Lucía dice que, aunque vive una situación económica muy delicada, independizada con su pareja desde los 17 años, respetará la huelga general si finalmente se convoca y anima a todo el mundo a hacer lo mismo.

Lo que queda claro, es que la moral está bastante alta y que la organización interna es más compleja de lo que podría parecer. Todos y todas coinciden en que toda pequeña ayuda es importante (donación de alimentos y bienes de primera necesidad, voluntariado, difusión o incluso simplemente acercarse a dar ánimos) y muchos destacan la importancia de, ante todo, respetar a los y las protestantes y su intimidad: recalcan que no se saquen fotos sin permiso de los propios manifestantes, ya que, según dicen textualmente, «¡esto no es un zoo!»

La presión sigue un día más, ocupando titulares y el foco mediático. Veremos cómo se afrontan los días venideros.

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